Las acciones de aerolíneas sufrieron un golpe el jueves (30 de octubre) cuando el cierre del gobierno de EE.UU. alcanzó su día 30, desencadenando perturbaciones generalizadas en los vuelos y sacudiendo la confianza de los inversores. Las acciones de las principales aerolíneas cayeron de forma generalizada: United Airlines (UAL) retrocedió un 2,6%, Delta Air Lines (DAL) cayó un 2,79%, American Airlines (AAL) perdió un 1,5% y Southwest Airlines (LUV) descendió un 1,9%.
Las consecuencias del cierre afectan al sector aéreo
El cierre ha obligado a unos 13.000 controladores aéreos y 50.000 empleados de la TSA a trabajar sin cobrar. Con muchos controladores faltando a sus turnos o buscando segundos empleos, la presión sobre el sistema es evidente.
El secretario de Transporte, Sean Duffy, advirtió que si el cierre se prolonga hasta noviembre, las perturbaciones empeorarán. Señaló que el 44% de los retrasos en los vuelos del domingo y el 24% del lunes estuvieron relacionados con las ausencias de controladores, en comparación con solo el 5% antes del cierre.
La FAA ya tiene un déficit de aproximadamente 3.500 controladores respecto a su objetivo de personal, y el cierre está agravando una situación ya complicada.
Los consejeros delegados de las aerolíneas lanzan la alarma
En una mesa redonda en la Casa Blanca el jueves, los ejecutivos de las aerolíneas presionaron para que se pusiera fin al estancamiento. El consejero delegado de United Airlines, Scott Kirby, admitió que el sector ya ha "visto cierto impacto económico por el cierre".
El vicepresidente JD Vance, que asistió a la reunión, hizo eco de las preocupaciones: "Todos aquí están muy preocupados por que veamos más retrasos y más presión sobre las personas que mantienen en funcionamiento el sistema de aviación".
El mensaje fue claro: sin una resolución, el cierre podría extenderse a la economía en general, afectando no solo a las aerolíneas, sino también al turismo, los viajes de negocios y la confianza del consumidor.
Los inversores recuerdan 2019
La situación actual evoca comparaciones con el cierre del gobierno de 2019, que duró 35 días y provocó un aumento del absentismo entre los controladores aéreos y el personal de la TSA. Ese episodio terminó solo después de que las crecientes perturbaciones en los vuelos obligaran a Washington a reabrir el gobierno.
Para los inversores, el déjà vu es inquietante. Las acciones de las aerolíneas son notoriamente sensibles a los contratiempos operativos, y los cierres prolongados pueden pesar tanto en los ingresos como en el sentimiento del mercado.
Contexto del mercado
La venta masiva se produce en un momento en que las aerolíneas ya estaban lidiando con mayores costes de combustible y una recuperación desigual de la demanda en ciertos mercados. Sumado al cierre, el sector se enfrenta a un cóctel de vientos en contra.
Aun así, algunos analistas argumentan que, una vez que se reabra el gobierno, las acciones de las aerolíneas podrían recuperarse rápidamente. Históricamente, el S&P 500 ha subido en el mes siguiente a la reapertura del gobierno, a medida que se libera la demanda reprimida y se produce una compra de alivio.
Conclusión
Por ahora, los inversores en aerolíneas están atrapados en un patrón de espera. Con los retrasos en los vuelos aumentando, el personal al límite y el bloqueo político sin resolver, el sector está bajo presión. Si la historia sirve de guía, la turbulencia podría disminuir una vez que Washington encuentre una salida, pero hasta entonces, es probable que las acciones de las aerolíneas sigan en tierra.