La economía estadounidense navega a toda vela en la ola de la inteligencia artificial, pero según Mark Zandi, economista jefe de Moody's Analytics, ese impulso podría no ser suficiente para evitar una recesión. En declaraciones recientes, Zandi advirtió que, aunque la IA ha proporcionado un impulso medible al crecimiento, los crecientes vientos en contra de las políticas de desglobalización, los aranceles y las presiones del mercado laboral podrían inclinar la balanza hacia una recesión.
Contribución de la IA al crecimiento
Los datos muestran que la IA añadió 0,63 puntos porcentuales al crecimiento del PIB de EE.UU. en 2025, ayudando a la economía a evitar la contracción. Sin este apoyo, argumenta Zandi, Estados Unidos ya podría estar en recesión. Sin embargo, cuestiona si los beneficios de la IA pueden escalar lo suficientemente rápido como para sostener el crecimiento. Al igual que las tecnologías disruptivas del pasado, la IA requiere una integración profunda en las operaciones empresariales antes de que se sienta su impacto completo, lo que hace que las ganancias a corto plazo sean más difíciles de sostener.
Riesgos de la desglobalización
Zandi señala las políticas de desglobalización de la administración Trump—incluyendo aranceles más altos y restricciones migratorias más estrictas—como un lastre importante para el crecimiento. Estas medidas aumentan los costes para las empresas, tensionan el mercado laboral y reducen la competitividad. Moody's proyecta que la desglobalización podría reducir el crecimiento del PIB real en 1,19 puntos porcentuales para 2026, más que contrarrestando la contribución de la IA.
La imprevisibilidad de la política arancelaria añade aún más incertidumbre. Zandi subrayó que evitar la recesión depende de que "no haya descarrilamientos inesperados", una tarea difícil dado el entorno político volátil.
Preocupaciones distributivas
Incluso si la IA continúa impulsando los precios de las acciones y los beneficios corporativos, Zandi advierte que sus beneficios podrían estar concentrados en los hogares más ricos y las grandes empresas, exacerbando la desigualdad. Esto limita la capacidad de la IA para impulsar un gasto de consumo amplio, un motor clave del crecimiento estadounidense.
El llamado "dividendo de la IA" corre el riesgo de distribuirse de manera desigual, alimentando las brechas de riqueza en lugar de estabilizar la economía.
Vientos en contra adicionales
Más allá de la desglobalización y la desigualdad, Zandi señaló otros riesgos:
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Cierres del gobierno, que perturban las expectativas y la confianza.
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Presiones en el mercado laboral, ya que las empresas recortan puestos de trabajo o congelan las contrataciones ante el aumento de costes.
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Incertidumbre global, con tensiones comerciales y geopolíticas que pesan sobre la inversión.
Conclusión
El análisis de Zandi subraya una realidad aleccionadora: aunque la IA está proporcionando un impulso a corto plazo, podría no ser suficiente para contrarrestar los desafíos estructurales. La economía estadounidense aún podría evitar la recesión en 2026, pero solo si "todo sale bien"—un escenario que parece cada vez más frágil.
Para inversores y responsables políticos, el mensaje es claro: la IA por sí sola no puede garantizar la resiliencia económica. La desglobalización, la desigualdad y la volatilidad política siguen siendo fuerzas poderosas que configuran las perspectivas.